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DE CLONES, CRUCES E HÍBRIDOS

   

Cuestión de origen

Andrea Bruno

   

Si alguien quiere saber exactamente cuántas variedades de vid se cultivan en el mundo y emprende la tarea de averiguarlo, lo más probable es que termine un tanto confundido. Va a encontrar números que nada tienen que ver entre sí, aún cuando todos ellos provengan de fuentes confiables. Terminará asumiendo que -de acuerdo a los últimos datos- la cantidad varía entre 10.000 y 2.000, y muy probablemente se pregunte el por qué de semejante imprecisión.

Es que aclarar cuántas de estas variedades son realmente diferentes entre sí nunca ha sido tarea fácil, al punto tal que existe una rama de la ciencia que se ocupa específicamente de eso: la Ampelografía (del griego “ampelos”, vid y “graphos”, descripción).

La vid pertenece al género “vitis”, que a su vez tiene dos subgéneros. En uno de los subgéneros hay 36 especies, y una de ellas es la “vitis vinifera”. Otra especie de vid es la “vitis americana”, no apta para producir vinos de calidad, pero resistente a la filoxera (insecto parásito de la vid; la plaga más devastadora que haya conocido la vitivinicultura mundial).

Dentro de la especie “vitis vinifera” están las variedades de origen europeo que todos conocemos, por ejemplo la cepa blanca Chardonnay, la cepa tinta Merlot, etc. Los individuos de una misma variedad se denominan clones.

Un clon se define como un grupo de individuos genéticamente idénticos que derivan de un solo individuo mediante propagación asexual. Si estuviéramos hablando de animales, el primer ejemplo que viene a nuestra mente es el de la famosa “Oveja Dolly”. “Clon” deriva de una palabra griega que significa ramita o vástago, lo que en el caso de la vid tiene mucho sentido, ya que las plantas no se obtienen de las semillas sino de estacas.
El origen de las variedades de vid cultivadas en la actualidad se debe a diferentes causas.

La mayoría de las cepas para vinificación que conocemos son las variedades más antiguas, todas ellas provenientes de Europa. Hasta hace muy poco tiempo era difícil conocer sus antecedentes. Actualmente, mediante el empleo de técnicas moleculares se puede descubrir cuál es su origen, si es que los “parentales” aún se cultivan y son conocidos. En general, proceden de largos procesos de selección natural por parte de los viticultores a lo largo de cientos de años. Un buen ejemplo sería la cepa tinta Cabernet Sauvignon, cruce natural entre la cepa blanca Sauvignon Blanc y la cepa tinta Cabernet Franc.

Otra forma natural de origen de las variedades son las mutaciones somáticas. Se trata de pequeñas variaciones en el genoma que dan lugar a nuevas formas varietales, si la manifestación morfológica o agronómica del cambio producido en el genoma se diferencia claramente del original. Por ejemplo: Pinot Noir, Pinot Blanc y Pinot Gris.
Pero pueden obtenerse nuevas variedades como resultado de procesos artificiales, esto es realizados “en el laboratorio” con la finalidad de lograr mayor calidad y/o mayor adaptabilidad y resistencia.

Los denominamos “cruces” cuando se trata del mestizaje entre variedades de una misma especie (por ejemplo: dos variedades de “vitis vinífera”). Se los debe distinguir de los “híbridos”, que son el resultado de la mezcla de individuos de distinta especie (una “vitis vinífera” y una “vitis americana”). Retomando la comparación con los animales, un “cruce” sería el cachorro de un perro dálmata con una perra salchicha -que en definitiva es otro individuo de la misma especie- distinto al caso del individuo “híbrido” que nace como resultado del apareamiento entre una chancha doméstica y un jabalí.

En Alemania la obtención de “cruces” –en su mayoría con la participación de la cepa Riesling- ha tenido mucha difusión. Las variedades Müller-Thurgau, Kerner y Scheurebe son ejemplos de ello. Se ha buscado en todos los casos obtener mayor adaptabilidad al riguroso clima de esas latitudes. Fuera de Alemania, un ejemplo conocido es el de la Pinotage, obtenida en la Universidad de Stellenbosch (Sudáfrica) a partir de las cepas Cinsault y Pinot Noir.

Los “híbridos” resultantes de la mezcla entre “vitis americana” (vitis labrusca, vitis riparia, vitis berlandieri, etc.) con “vitis vinífera” son resistentes a la filoxera, y se los denomina “Híbridos Productores Directos” (HPD). Muchos de ellos se han denominado con un número seguido por el nombre o la inicial del viticultor que los creó, por ejemplo 22 A Baco, 7120 Couderc, o 5455 Seibel. Otros ejemplos son la cepa Isabella y la Jacquez (“borgoña” en Perú). El cultivo de los híbridos se ha difundido en lugares con condiciones extremas como algunas regiones de Brasil, EEUU o de Canadá, pero por lo general no se los acepta en las zonas donde se practica vitivinicultura de calidad. En Canadá, por ejemplo, la única híbrida permitida para los vinos de calidad es la Vidal Blanc, con la que se elabora el “icewein”.

Por último, es importante señalar que -por la necesidad de prevenir el ataque de la filoxera- casi todas las vides del mundo están compuestas de dos partes: el patrón o portainjerto, y la vinífera injertada sobre el patrón. No debe confundirse a los “híbridos productores directos” con los cruces de variedades de “vitis americana” entre sí (por ejemplo vitis Berlandieri y vitis Riparia), que se realizan sólo con el objeto de obtener portainjertos.

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